divendres, 15 d’octubre de 2004

Lliçons de filologia catalana per a kurds (i curts)

El Parlament Europeu atorga cada any el Premi Sakharov a una persona que hagi destacat en la defensa dels drets humans. Auest any li han donat a Layla Zana, una diputada kurda. Dues paraules del discurs de la guardonada van causar una gran hilaritat a l'activista i eurodiputat Aleix Vidal-Quadras. Ho explica avui a La Razón, com una d'aquelles anècdotes que quan et succeixen penses immediatament que demà ho explicaràs als companys de feina a l'hora del tallat. Sembla que va passar per a que en Vidal-Quadras pogués escriure un article.

Diferencias artificiales
Aleix Vidal-Quadras

En la sesión plenaria del Parlamento Europeo celebrada ayer en Bruselas intervino como invitada de honor la ex diputada y activista kurda Layla Zana, que ha estado diez años encarcelada en Turquía acusada de terrorismo y conspiración contra el Estado. Su reciente liberación tras la repetición del juicio que la condenó, realizado esta vez con plenas garantías procesales, se ha interpretado como una muestra de la voluntad inequívoca del Gobierno de Erdogan de satisfacer los criterios exigidos de cara al inicio de las negociaciones de ingreso de su país en la Unión Europea. En su discurso, esta mujer diminuta y resuelta quiso tener un gesto de deferencia hacia José Borrell, el presidente de la Cámara, que le había dirigido en su presentación previa una breve frase en kurdo, y anunció con deliberado énfasis que iba a su vez a saludarle en catalán. Gran aplauso en el hemiciclo, delirio de sus señorías nacionalistas catalanes y vascos, y silencio reverente en espera de las palabras mágicas que harían reverberar las paredes de la sala con los ecos de la identidad presuntamente oprimida. Pues bien, Layla Zana se volvió hacia el sitial presidencial y pronunció en perfecto y nítido castellano dos escuetos vocablos: «Muchas gracias».

El regocijo entre los españoles presentes fue considerable y la consternación de la tropilla nacionalista fácil de imaginar. La oradora, por supuesto, era incapaz de distinguir entre el castellano y el catalán, que a sus oídos debían sonar idénticos, y a la hora de manifestar su reconocimiento, como aquel personaje que hablaba en prosa sin saberlo, utilizó la lengua española convencida de que se expresaba en catalán. En su intervención, y como muestra de su respeto a la pluralidad lingüística y cultural, hecho del que nuestros nacionalistas debieran tomar buena nota, recurrió primero al kurdo y posteriormente al turco y dejó perfectamente claro que su deseo era que una fórmula adecuada de autonomía política condujera a la pacífica convivencia de kurdos y turcos sin menoscabo alguno de la integridad territorial del Estado turco. Es decir, que la señora Layla Zana, Premio Sakharov del Parlamento Europeo y heroína de los amigos Bernat Joan, Josu Ortuondo e Ignasi Guardans, pedía para el colectivo kurdo de Turquía lo que la Constitución de 1978 ha venido garantizando a los diferentes territorios, lenguas y culturas españoles desde hace un cuarto de siglo.

El error inocente de confundir dos lenguas románicas tan próximas entre sí simbolizó en la casa de la democracia europea, integradora y armonizadora de la diversidad por antonomasia, la artificialidad de ciertas diferencias, exacerbadas y exaltadas hasta el paroxismo por los apóstoles del particularismo, cuando en realidad son tan nimias que alguien ajeno a las mismas y, por tanto, inocentemente objetivo, es incapaz de percibirlas.
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