dimarts, 26 d’octubre de 2004

I si guanya Bush?

Malgrat que em salto l'any de plor que estableixen els Usatges, us penjo un article que, sincerament, m'hauria agradat escriure. I ho ha fet una persona que no és el dimoni de la meva devoció. Tot i que crec que no se li ha de fer massa cas, avui estic d'acord amb ell i, per tant, no desaprofitaré l'ocasió, car sóc conscient que passa poquíssimes vegades. Té la paraula el senyor Roca i Junyent:

¿Y si gana Bush?
A LOS EUROPEOS NOS gustaría dictar, desde aquí, la política que seguir por EE.UU.


¿Quién ganará: Bush o Kerry? Todo el mundo está pendiente de las elecciones en Estados Unidos. La campaña electoral se sigue en Europa con tanto interés como en Utah o Arkansas; éstas son unas elecciones que no resultan ni ajenas ni indiferentes para nadie. Si de lo que se tratase de demostrar es que vivimos bajo la dependencia de EE.UU., se ha conseguido. Desde las colonias vivimos con ansiedad lo que puede ocurrir en la metrópoli. Queremos y manifestamos nuestra voluntad de no depender de EE.UU., pero vivimos pendientes de su más pequeño latido, de sus suspiros, de sus más insignificantes movimientos.

Somos, en la Vieja Europa, mayoritaria y frívolamente antiamericanos. Fundamentalmente anti-Bush, pero también antiamericanos.Ynuestro drama, como europeos, es que dependemos de ellos: nuestra economía está condicionada por su crecimiento, nuestro bienestar se ve amenazado cuando el suyo se inquieta, nuestra investigación vive a remolque de lo que desde allí se realiza, y nuestros intelectuales han renunciado a crear por el gusto -o impotencia- de criticarles.

Nos gustaría a los europeos que los norteamericanos hicieran la política que desde aquí les dictáramos.

Ellos deberían ser la fuerza, nosotros la inteligencia. A ellos les correspondería la desagradable tarea de ser los policías del mundo; a nosotros decidir qué y cómo debe vigilarse. Y por esto nos gustaría que ganase Kerry. No por creer que con él se trabajaría mejor, sino sólo porque ya sabemos que con Bush no hemos podido trabajar bien: no ha hecho lo que nosotros queríamos. No ha sido obediente al poder civilizador de la Vieja Europa. ¿Lo será Kerry? No parece que su propuesta de política exterior y de seguridad en el mundo difiera sensiblemente de la de Bush, pero los europeos ven en Kerry la esperanza que Bush les niega. Pero, ¿y si gana Bush? ¿La Europa que ha votado en su contra qué va a hacer? Seguramente, de entrada, felicitarle por su victoria, para, seguidamente, declarar que estamos dispuestos a colaborar con él para asegurar la paz en el mundo. Pero Bush ya sabrá que a pesar de que Europa no le quiere, no habrá sido necesario su cariño para ganar en EE.UU. Y, quizás, pueda decidirse a prescindir de los europeos; no vale la pena discutir con ellos, basta con ignorarlos. Lo tenemos complicado. Si gana Kerry, sólo nos sirve para un suspiro; si gana Bush, no podemos ni engañarnos. Kerry, con su victoria, aligera nuestra situación; pero el problema sigue estando ahí: detestamos depender de EE.UU. pero hace muchos años que hemos decidido hacer de esta sumisión el motor de nuestro progreso, la clave de nuestra paz y la garantía de nuestra libertad. Y Kerry, quizás no de entrada, también nos los recordará. Pero, ¿y si gana Bush?

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