dissabte, 12 de març de 2005

Barnils i Montllor

Aquests dies es compleixen deu anys de la mort d'Ovidi Montllor i també quatre de Ramon Barnils. Reprodueixo aquest article publicat a "la Vanguardia" el 19 de març de 1995 i que ha estat recollit al llibre "Ramon Barnils. Articles", Editorial La Magrana (2001).

OVIDI ENAMORADO
Estábamos tan tranquilos en el bar Bijou, de la villa de Gràcia de Barcelona, y estábamos locamente apretados gracias a que las dimensiones del local exigían de modo imperativo que la puerta de entrada fuera corredera; abrirla hacia adentro, hubiera comportado ocupar demasiado espacio del destinado a la clientela. Sus innumerables botellas científicamente alineadas en diversos planos y su barman de novela buena dejaban espacio suficiente para tres clientes.

Y en eso llegó Ovidi. Ovidi Montllor.

Venía con alguien más, todos ellos del mundo del teatro. Los presentes nos acomodamos de modo más íntimo, a fin de que Ovidi nos comunicara que venían del teatro Regina de la misma villa, allí al lado, en la calle de Séneca; aquella noche vieron que tenían un espectador –hemos dicho: uno- de modo que le comunicaron, primero, que tenía todo el derecho a contemplar la representación para la que se había desplazado y para la que había pagado entrada. Y segundo, y si era tan amable, le devolvían el dinero, le daban las gracias, le invitaban a una copa y daban por suprimida la función. El solitario ciudadano espectador, de sus derechos como cliente, aceptó lo segundo sin copa; así que Ovidi y los suyos pudieron entrar en el Bijou.

-Ya ves, si hubiera venido, a lo mejor no cabíamos.

Ovidi hacía y decía cosas como éstas. Unos años antes, en el no menos célebre Mesón de Sant Cugat del Vallès (Vallès Occidental), estábamos aguardando a una representación de la Nova Cançó, y estaba con Ovidi otro cantautor valenciano, a quien unos años después y ya en democracia socialista, le ocupó la original experiencia de tener un hermano ministro. Por aquel entonces aquel cantautor tenía programada una canción cuyo título solía intrigar a los aficionados: “Vint-i-quatre paraules” (24 palabras). “¿Qué quieres decir exactamente con esto?”, aprovechamos para por fin quitarnos el interrogante.

-“Home, tu diràs!” (¡Hombre, tú mismo!) –medió Ovidi. Y medió con tal arte de la interpretación, de la insinuación y sin previo aviso ni sospecha supimos no sólo qué significaba “Vint-i-quatre paraules”, sino que pudimos recitar todos juntos y de carrerilla las mismas: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, las tropas nacionales han alcanzado sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Que habían sido pasadas al mecanógrafo en Burgos el I de abril de 1939, y firmadas por el Generalísimo Franco.

Habría que editar en cinta casete y regalar al mundo “No hi ha hagut mai en València dos amants com nosaltres”, de Estellés, i “Aiguamarina, de Sagarra, recitados por Ovidi. Era él.


Ramon Barnils, 19 de març de 1995.
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