dijous, 25 de novembre de 2004

I tu, què vols ser quan siguis gran?

A falta d'escrits propis, el recurs a articles aliens és una bona solució de fast-post. No, Marc Álvaro no és el meu McDonald's de la cantonada. Un dia Ferran Adrià parlava del fast-good en contraposició al fast-food, les mil idees per menjar a casa i a fora amb una certa dignitat quan es diposa de poc temps. El concepte és brillant. Doncs bé, adapto la recepta adriana a la manca de posts i us transcric aquest article de Marc Álvaro mentre esperem a esdevenir un venerable ancià.

Viejecitos
FRANCESC-MARC ÁLVARO - 24/11/2004


Hasta el momento, los viejos siempre son los otros. Terrible error de perspectiva y enorme espejismo que nos obligará a tragar arena hasta por las orejas. Lo explica muy bien el periodista alemán Frank Schirrmacher, en su libro El complot de Matusalén, tan descarnado como certero: "La verdadera conmoción tendrá lugar entre el 2010 y el 2020, década en la que la generación de los nacidos entre 1960 y 1970 entrará en su personalísima crisis senil. La humillante imagen de la vejez que muy probablemente siga imperando provocará un clima de gran tristeza y miedo". El autor habla de Alemania, pero puede ser igual o peor entre nosotros, todo ello incrementado por una de las natalidades más bajas de Europa. Hablando con la injusticia inherente a toda generalización, no parece que los babyboomers estemos preparados para eso tan natural, obvio e inevitable que es envejecer. Hay síntomas culturales. En el arte, la literatura y la publicidad que producen tipos cercanos a los 40 no faltan expresiones grotescas, idiotas y autocomplacientes de la enfermedad de Peter Pan elevada al cubo.

Mientras el envejecimiento de la población impulsa y multiplica ya hoy nuevas vías de negocio millonario, los nacidos en los años sesenta no acabamos de despegarnos de esa condición de eternos adolescentes consentidos, que recibimos como herencia envenenada de la generación de nuestros tíos más cercanos cronológicamente. Somos la primera generación nacida y criada al calor de los fuegos sagrados del culto a la juventud y nos vamos a pegar el gran batacazo, y no únicamente porque nuestras pensiones estén en la cuerda floja. Este fuego litúrgico de la juventud como medida de todas las cosas en el mercado y en la política (los dos campos se retroalimentan) es tan falso como esas lucecitas kitsch de color rojo que se colocaban en las chimeneas de pega que decoraban algunos salones de vago estilo rústico hace unos años. Interiorismo del malo para suplir una moral de mínimos.

Mientras las aseguradoras, las inmobiliarias y las empresas geriátricas se preparan para hacer el agosto con nuestra realidad futura, nosotros seguimos pegados a las revistas ilustradas que nos mantienen en la fantasía de una belleza eterna, una sexualidad infinita, una jovialidad inacabable y una responsabilidad -eso sí- limitada. El problema siempre es de los demás: la escuela, el sindicato, el gobierno, la industria o la sombra de Mazinger Z. Aún hemos visto morir poco ídolos de la música pop y corremos el riesgo de creer que la vida es como un viaje en Interail.

Será ridículo que el primer viejo que observemos de cerca seamos nosotros mismos.
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