dilluns, 14 d’agost de 2006

"Confesiones de un burgués"

En la vida no suelen ocurrir "cosas importantes". Al volver la vista atrás, al buscar el instante en que ocurrió algo decisivo, algo definitivo e irremediable -la "experiencia" o el "accidente" que decidió nuestra vida posterior-, tal sólo encontramos algunas huellas sin importancia, a veces ni siquiera eso. En realidad no existe más "experiencia" que la familia, como tampoco existe más "tragedia" que el momento en que te ves obligado a decidir si permaneces en el seno de la familia y en sus variantes a escala más amplia, como la "clase social", la ideología, la raza, o bien te marchas por tu propio camino, a sabiendas de que te quedas solo para siempre, de que eres libre, estás a merced de todo el mundo y sólo puedes contar contigo mismo... Yo tenía catorce años cuando me escapé de casa, y después ya sólo regresé de visita, en los días de fiesta, durante breves temporadas; como el tiempo es un analgésico muy fuerte, a veces parecía que la herida había cicatrizado. Sin embargo, volvió a abrirse mucho después, quince, veinte años después, por sorpresa y "sin razón alguna", causando un dolor casi insoportable que se apaciguó poco a poco sin llegar a ser mencionado. Me gustaría decir la verdad. Estoy intentando a acostumbrarme a la verdad como un enfermo muy grave se acostumbra a la peligrosa y amarga medicina que puede matarlo o curarlo; al fin y al cabo, no tengo nada que perder. La verdad es que no puedo culpar a nadie ni por mi carácter ni por el curos de mi destino.


Sándor Márai
Confesiones de un burgués
Ed. Salamandra
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