dimecres, 27 d’abril de 2005

Els membres de les ampes que porten xandall

Ahir escoltava un debat a una ràdio que tenia la intenció de tractar sobre l'ensenyament, l'escolar s'entén. Hi havia dos representants d'ampes o ampa's o ampas, ho he vist escrit de les tres maneres. Un membre, masculí, proposava que els pares havien de jugar amb els fills. Quin error! Quan anava a escola, l'hora del pati era quan tots ens alliberàvem, lluny dels pares i els mestres. Érem nosaltres: jugàvem o no fèiem res, corríem si ens venia de gust o passaves comptes amb qui s'havia fotut amb tu. Un pare que juga amb els seus fills vulnera la seva intimitat. Crec que els nens que pateixen els planes de desarrollo paternals, consistents en deu mil activitats programades, són molt menys lliures. Recupero un capítol de "los tres tratados de las buenas maneras", un llibre divertidíssim d'Alfonso Ussía. Sí, repeteixo, Alfonso Ussía:

La madre, el chandal y el colegio

Los dramas de los niños son, en ocasiones, tragedias calladas. Yo sólo he renegado una vez de mi madre. Fue con ocasión de una ceremonia religiosa celebrada en mi colegio, cuando tenía trece años de edad. La edad del pavo, dicen, y de la vergüenza ajena. Sonó el armonio de la capilla, y todos los concurrentes, alumnos y padres de alumnos, dedujimos por las notas que nos proponían cantar una Salve a la Virgen. Las voces se fundieron en un mismo acto de fe y los compases de la salve invadieron gozosos el sagrado recinto. pero de entre setecientas voces, una sobresalía por su agudeza. Era la de mi madre. Noté que mis compañeros sospechaban de mi drama. "Es la madre de los Ussía", se susurraban unos a otros con risitas disimuladas. A esto la Salve había llegado al "advocata nostra", y mi señora madre, con muy escaso sentido de la discreción, había ascendido el tono de voz de muy complicada amnistía. Entonces mi compañero Eugenio Egoscozábal, un donostiarra maligno, que leía a Voltaire, Rousseau, Dalambert y Diderot, me dio la enhorabuena: "tu madre canta muy bien". "Mi madre no ha venido", le respondí como el peor de los hijos. (...)

El problema de los niños de ahora es de otra índole. Los más desgraciados son aquellos cuyos padres intervienen de manera entusiasta en las reuniones de padres de alumnos y en la organización de los festejos colegiales. (...) Si el padre es el encargado de organizar la tómbola de la fiesta colegial y la madre es inducida a aportar un número indeterminado de tartas para la merienda, el niño sufre. Y sufre en silencio, que es lo más doloroso.(...)

Lo peor para los colegiales de hoy es que su madre vaya a recogerlos con chandal. "Villar, tu madre te está esperando en la puerta con un chandal carmesí", le le anunció a Villar un compañero de malísima intención. "Villar, nos encanta el chandal de tu madre, y es muy original lo que lleva escrito sobre las tetas, le comentó otro compañero peor intencionado que el anterior. "¿Se puede saber que lleva mi madre escrito sobre las tetas?", protestó Villar. "I Love NY", concretó un tercero. Y Villar, aquel año, suspendió cuatro asignaturas. Y me parecen pocas.

Un niño normal prefiere dormir en el colegio a que su madre, su padre, le recojan con un chandal. Si además de chandal tienen la falta de pudor de saberse de memoria los normbres y apellidos de los compañeros de su hijo, el hijo se desmorona anímicamente. Para los niños, el colegio es un mundo aparte que nada tiene que ver con su existencia normal. Los padres activos, además de unos pelmazos, conducen a sus hijos a la orilla del abismo. un padre y una madre sólo pueden ir al colegio de sus hijos cuando las circunstancias así lo requieran.

En caso de incendio, por ejmplo. Y sin hacerse notar, por si acaso.
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